Por Yefri Duvergé
Cuando un ciudadano asiste a un centro de salud, con su carnet de la administradora de riesgos (ARS), observa que la cobertura del servicio por la que cree esa ARS paga no es todo lo que es, ni es todo lo que debe ser. Eso comienza con el sobrecosto de la consulta pagada en efectivos por el afiliado, con los sobre pagos pagados en efectivos, y con los sobreprecios de la medicina pagados en efectivos.
Esto se evidencia en que el gasto del bolsillo de los hogares en servicio de salud es estimado en 2.7% del PIB, que, si le parece poco, se le advierte que no lo es. “Es el doble que el gasto directo computado del gobierno central”, estima la Asociación por el Derecho a la Salud (Adesa).
Adesa revela que el gasto directo de las familias representa el 2.7% del PIB, que en promedio es 43,879 pesos por hogar, según cálculos de Diario Libre.

En pocas palabras, los ciudadanos invierten en un sistema nacional de salud para recibir un pesimo servicio lo cual no es suficiente para saldar el gasto médico del pueblo.

El sindicato Nacional de Trabajadores de Enfermería, calificó como infrahumanas las condiciones en que laboran la mayoría los hospitales públicos del país, además el reajuste salarial y otras mejoras que fueron acordadas para el sector no han sido remuneradas.
Ahora con la pandemia del coronavirus quedó al desnudo las malas condiciones de los hospitales y el desastre de los hospitales de Salud Pública que carecen de insumos para hacerle frente al Covid-19.
Fuente:
- Periódico Listín Diario
- Informativos Teleantillas
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